Fantasmas



Un caramelo ácido al suelo,
el cuello atareado e insulso,
huele a sentimiento atrofiado
servido en las mesas de los fieles
creyentes del dolor sin razón.
Una soledad digna de naufragio
arremete extrañamente contra el ego,
un sorbo dulce y colérico
que siembra incertidumbre
que acecha inmortalidad.
Ya no soy el emisario de mi destino
ni tampoco el héroe de mis historietas,
soy palabras desquebrajadas en el tiempo,
un instante del prófugo presagio
de hambrientos fantasmas.

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